P: 635 12 71 55 · M: 610 96 78 38 hola@disciplinapositivavalencia.es

Motivar y alabar

Motivar y alabar, que dos palabras más interesantes y poco enseñadas. O por lo menos desde mi punto de vista. La verdad es que este aspecto nunca me lo había planteado hasta que conocí la Disciplina Positiva. Incluso me atrevería a decir que para mí, motivar, era decir: muy bien, estupendo… y cuatro o cinco frases más metidas en el cajón de sastre. La primera vez que escuché, vi y sentí la diferencia entre una y otra me quedé pasmada. Tanto es así que fue una de las primeras cosas que puse como recordatorio diario.

 

 

Al alabar de una forma constante estamos diciéndole al niño que su crecimiento y su aprendizaje depende únicamente de nosotros y de nuestra aprobación. Estamos dando importancia a la acumulación de datos, a las habilidades que tenemos y a las respuestas externas. Además es pasajera, que vuelvo a repetir, en momentos determinados o en algún momento concreto, creo que un alabanza también está bien, pero se que en lo superfluo y desaparece en el tiempo. Además y algo que creo que realmente no nos ayuda a crecer y desarrollarnos es que la alabanza fomenta que nos movamos por nuestros intereses y apetencias y no por lo que realmente necesitamos o es bueno para nosotros.

 

Cuando motivamos damos importancia al interior, a lo más profundo. Estamos enseñándoles a nuestros hijos que cada uno de nosotros estamos hechos para lo bueno, lo bello y que la verdad existe. Que existe y que tenemos el deber de investigar, descubrirla y acercarnos a ella. Cuando motivamos estamos ayudando a la otra persona a descubrirse, a acercarse a las cosas bien hechas según sus capacidades y también estamos contribuyendo a desarrollar la responsabilidad en el otro. La motivación para la persona, para el niño, para el adulto, es como el motor bien cuidado de un coche. Va a permitir que lleguemos lejos y nos va a ayudar a descubrir lugares asombrosos, maravillosos y deslumbrantes siempre y cuando en este proceso, descubramos además, la belleza de servir a los demás con nuestras capacidades, donarnos y ayudar al otro.

Que texto más filosófico y profundo, pero es cierto que el día a día no nos ayuda a pensar y a reflexionar acerca de como utilizamos el lenguaje o como nos dirigimos a los demás.

Para mí, la diferencia clave, para ayudarme en el día a día a pensar si estoy alabando o motivando es que la alabanza se centra en mí y en lo que yo espero de mi hijo o de los alumnos con los que esté en ese momento. La motivación se centra en mi hijo, en mis alumnos, les ayuda a valorar, a priorizar, a razonar, a decidir…

Aquí os dejo esta foto muy poco Pinterest de una de las puertas de mi cuarto de baño…

 

Hasta pronto, Míriam